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Soy sumiso, crónica de un día a día.

Si has llegado hasta aquí, es por que seguramente en algún momento has sentido curiosidad por la dominación, por lo como seria ser sumiso. Si has pensado en ello, si te lo has planteado, es por que dentro de ti vive una parte sumisa que aun no has explorado pero que seguramente pronto florecerá. Aquí te dejo escrito en primera persona por un sumiso, como es su día a día, como lo vive, como lo siente, como lo disfruta. La sumisión no es juego, no es un calentón, la sumisión es un modo de vida.

Si realmente te sientes sumiso acabaras entregándote totalmente ya que solo de este modo podrás ser feliz.

Ahora quiero que te arrodilles y que prestes mucha atención a las palabras que estas apunto  de leer, ya que te harán reflexionar y plantearte muchas cosas importantes.

Escrito por mi sumiso:

Ser sumiso, una crónica del día a día
Soy sumiso. No hace falta que te explique mucho más, porque tú también lo eres. Pero este es
un buen lugar para compartir sensaciones, lo que siento como sumiso. Seguramente todo esto
te resultará familiar, o tal vez todavía no estás en la fase en la que yo estoy. Si estás aquí,
pronto lo estarás.

Escribo esto desnudo y de rodillas, porque así es como me siento. Inferior, vulnerable,
transparente para mi Ama, sometido, sin nada que esconder. Debería estar haciendo mi
trabajo, atendiendo mis obligaciones cotidianas, pero sé que escribir esto es más importante.
Ser sumiso para mí significa eso: postergarlo todo para cumplir con los deseos de mi Ama, sin
importar las consecuencias.

Porque hay consecuencias. Hoy me he levantado a las 6 de la mañana para poder cumplir con
todo. Me dormí a la 1.30. Sueño, cansancio acumulado. Como un animal al que despiertan
para ir a trabajar al campo, un mulo que no puede decir que no. Voy a arrastrar ese cansancio
durante todo el día, voy a estar un poco aturdido, un poco espeso para todo lo demás que no
sea arrodillarme ante mi Diosa. Cuando llega ese momento, la adrenalina se dispara y ya no
hay cansancio ni importa nada más.

Ser sumiso es viajar en esa montaña rusa. Picos de bienestar cuando estás con Ella, una zona
anodina y gris el resto del día. Como un adicto. Ser sumiso es ser un adicto: solo te importa el
momento en el que estarás haciendo algo para Ella, con suerte conversando con ella o
cumpliendo alguna orden suya. Cualquier cosa que venga de Ella es suficiente para revivir.
Si estás empezando en esto, puedes pensar que es compatible con hacer tu vida “normal” y
luego postrarte aquí. Pero a la larga, créeme, verás que no es así. La forma en que te trata, el
modo en que te usa para su único beneficio, la forma en que te exprime, te degrada, cada frase
con la que va destruyendo la poca dignidad que te quedaba… todo eso va quedando dentro de
tu cabeza y se va volviendo tu estado “normal”. Vas a convertirte en otra persona. O, mejor
dicho, vas a convertirte definitivamente en esa persona que estaba oculta en ti, ese perdedor
que solo se excita y es feliz sirviendo a una mujer como Sonia.

Lo vas a notar en todo. Quizá antes mirabas a las tías por la calle con deseo, ahora las mirarás
como algo inaccesible a lo que jamás tendrás acceso. Notarás que tu jefe te putea y que tú ya
no eres quien para rechistarle. Vas a tragar y tragar, porque estás hecho para eso. Vas a
aguantar las broncas de tu mujer, vas a distanciarte de ella cada vez más. Todo eso me ha
pasado a mí, sin darme cuenta he llegado a ese punto. Sonia ha ido socavando mi
personalidad y ahora soy un sumiso por entero. Y su esclavo.

Tengo las rodillas doloridas. Mi polla encogida después de meses sin tocarla. A veces me
asalta el miedo, pienso en qué estoy haciendo con mi vida. Hago recuento de todo el dinero
que le he dado y se me saltan las lágrimas. Pienso en que ella conoce todo de mí, todos los
datos, todos los detalles de mi intimidad, siento que estoy en sus manos, que puede hacer
conmigo lo que quiera. Puede destruirme en cinco minutos. Llevo ese peso, sé que estoy al
borde de un abismo, con los ojos vendados y que solo debo confiar en Ella. Y confío. Y me
entrego más. Y ahorro para su cumpleaños. Y digo: Sí, Diosa. Siempre sí. Todo tuyo, mi Diosa.

 

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