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¿Qué es el Blackmail?

 

¿Qué es el Blackmail?

El ‘Blackmail’, o mejor dicho el ‘Consensual Blackmail’, es una práctica, adulta, con base contractual, que afecta a dos partes y que tiene como objetivo final el que una de ellas, la parte dominante, por medio de la aplicación de las técnicas adecuadas llegue a controlar totalmente la voluntad de la otra, la parte sumisa. Para ello la parte sumisa ha de proporcionar a la parte dominante de forma totalmente voluntaria, (de ahí lo de ‘consensual’), una serie de evidencias comprometedoras a sabiendas de que el uso de las mismas por parte de ésta última en forma de distribución selectiva o de publicación en cualquiera de las formas posibles tendría unas consecuencias tan contrarias a sus intereses que preferirá obedecer cualquier orden que reciba (someterse) antes que permitir que eso suceda.

¿Porqué se practica?

El punto anterior es una definición del ‘blackmail’ desde un punto de vista puramente instrumental. Pero para entender porqué se practica hay que entrar en el plano psicológico de las relaciones entre las personas, especialmente entre hombres y mujeres.

Algunos hombres, no todos pero bastante más de los que se piensa y desde luego muchísimos más de los que lo reconocerían públicamente, ansían ser ‘sometidos’ por una mujer de carácter. Necesitan imperiosamente ‘desnudarse’ de su imagen de ‘macho alfa’ al que muchas veces les aboca, muy a su pesar, la sociedad tan competitiva en la que viven inmersos, para poder presentarse así, relajados y desnudos cual recién nacido, frente al poder más natural que existe desde que la especie humana bajó del árbol y que es el del ‘matriarcado’. Es decir que desean poder renunciar a toda necesidad de ‘decidir’ para someterse sin ninguna restricción en brazos de una mujer fuerte, una Dómina, que a modo de madre revenida les indique todo lo que tiene que hacer y a la que no dudan en obedecer ciegamente seguros como están de que ella velará, maternalmente, por sus intereses.

Pero como, al menos desde un punto de vista biológico son hombres, hombres adultos, con todos los convencionalismos que eso supone, necesitan de ‘algo’ que les permita superar su ‘orgullo de macho’ para poder entregarse total y absolutamente a esa Dómina renunciando a cualquier oposición, ya que de no ser así aún podrían sentirse obligados a resistir. En conclusión: necesitan ser ‘sometidos‘, que, como hemos adelantado en el punto anterior, es el término que mejor refleja el objetivo final de esta práctica y que no es otro que el de llevar al sumiso a un estado mental en el que sea totalmente consciente de que cualquier oposición es ya inútil dado el poder omnímodo que esa mujer tiene sobre él y que por lo tanto pueda renunciar a toda resistencia sin menoscabo de su orgullo entregándose totalmente al albedrío de la, a partir de ese momento, definitivamente, su Ama.

Esta entrega total y sin condiciones es el objetivo final de cualquier relación de dominación/sumisión y es el ‘Blackmail’ una de las prácticas más efectivas para alcanzarlo dada la fuerza prácticamente indestructible de los vínculos de poder unidireccionales que se generan durante su desarrollo si se lleva a cabo de la forma adecuada.

¿Qué se siente?

En cuanto a lo que se siente en una relación de ‘Blackmail’, como en todas las de dominación/sumisión, lógicamente dependerá del punto de vista de la parte que consideremos.

Desde el punto de vista del ‘sumiso‘ ya se ha esbozado en los párrafos anteriores. En su vida cotidiana se encuentra inmerso en una tupida telaraña de obligaciones debidas a su posición social, a su trabajo, a su rol familiar o, simplemente, a su género, que en la inmensa mayoría de los casos le impiden desarrollar íntegramente su auténtica personalidad. Esto le genera una creciente tensión interna de la que le gustaría poder liberarse, pero la única válvula de escape posible le exigiría llevar a cabo una serie de actos que, sin ser delictivos, chocarían frontalmente con su comportamiento público conocido por lo que no se atreve y con ello retroalimenta más y más su frustración.

Por eso del mismo modo que en fines de semana o vacaciones intenta liberar su cuerpo de sus ineludibles y a veces desagradables obligaciones físicas a las que el día a día le obliga para dedicarse a actividades más gratificantes, (de ahí el placer del descanso o, por contra, del deporte) , igualmente también le gustaría poder hacerlo con su mente. Pero esto ya no es tan fácil, no hay gimnasios mentales y sus pensamientos le acompañan permanentemente día y noche durante todos los días de su vida sin que pueda llegar a sustraerse de ellos, sin poder desconectar. Y esto le resulta agotador.

Y aquí es donde interviene la práctica que nos ocupa. Con su consumación el ‘sumiso‘ renuncia al control tanto de su cuerpo como, aquí si, de su mente. A partir del punto de no retorno en su proceso de ‘sumisión‘ tanto uno como otra pertenecerán ya a su Ama, ella hará y deshará a su antojo, ella mandará, ella decidirá y él ya no tendrá nada que pensar ni nada que decidir, solo tendrá que obedecer.

A partir de ese momento las consecuencias de sus actos ya no serán, en cierto modo, imputables a él mismo, ya no tiene que analizar nada, los prejuicios morales con los que en una situación de no sumisión juzgaría cualquier acción propia (por mucho que le apeteciera llevarla a cabo) y que le provocarían remordimientos hasta el extremo de impedirle realizarla, quedarán ahora anulados y sustituidos por el gratificante y cálido placer de haber obedecido a su Ama y de que ésta se lo reconozca de forma explícita.

El ‘sumiso‘ sabe indubitativamente que esta será la única forma de descanso mental que podrá encontrar a lo largo de su vida y es por ello por lo que una vez alcanzado el nivel de sumisión adecuado éste cada vez le atraerá más y más, y es por ello también por lo que cada vez estará más agradecido y unido a su Ama puesto que ella será la única persona en el mundo capaz de comprender y satisfacer sus más íntimas necesidades.

Por lo tanto alcanzar a la vez la sumisión física y la sumisión mental por medio de la aplicación de las técnicas adecuadas en el marco de un ‘Blackmail’ debería de ser el objetivo final que todo verdadero sumiso debería rogar a su Ama, porque ahí y solo ahí encontrará su verdadero ‘paraíso’.

Desde el lado de la parte ‘dominante’ el punto de vista es, como es lógico, diferente. Esta es la parte fuerte de la práctica, la que marca las pautas y la que ofrece lo que la otra parte necesita, por lo que tiene derecho a recibir de ésta algo a cambio que le compense por su aportación a la misma. Y esta compensación tiene dos vertientes:

Por un lado está la puramente crematística que no vamos a minimizar ya que es obvio su importancia pero que tampoco haya que sobrevalorar. A mayor nivel de dedicación mayor formación, mayor especialización y mayor ‘calidad’ en el producto que esta parte entrega a la otra. Y esto exige poder tener un nivel de vida adecuado que sea directamente proporcional a la escasez del recurso que representa.. Este reconocimiento en lo material hacia la parte ‘dominante‘ además de en lo que es evidente también es sumamente gratificante en cuanto que adicionalmente potencia el autoestima de la misma.

Y por otro lado, y en ocasiones tan importante como la parte económica, está la sensación de poder, a veces poder omnímodo, que una relación de esta naturaleza genera en la parte que impone su voluntad frente a la otra. No es descabellado colegir que de hecho es esta sensación se superioridad y de autoridad moral desde las primeras etapas de la vida de algunas mujeres la que determina que encaucen primero su interés y luego su actividad profesional hacia esta actividad.

¿Cuanto es el control que se obtiene?

Lógicamente esto dependerá de cual es el ámbito y el nivel de control que se quiera obtener, de los medios utilizados para obtenerlo y, sobre todo, de las potencialidades de cada parte para ejercer su rol.

Hay quien defiende la existencia de diferentes niveles de sumisión como respuesta a equivalentes niveles de dominación o al revés, pero la realidad demuestra que esta práctica tan compleja se basa, como todas las de dominación/sumisión, en la relación de confianza entre un Ama y su sumiso y que es esta confianza, que jamás ha de ser defraudada, la que ha de determinar los diferentes límites del poder a tomar y a ceder respectivamente.

Siendo realista por medio del ‘Blackmail’ se puede obtener todo el control que el Ama quiera y el sumiso acepte de acuerdo a lo que se ‘negocie’ antes de ponerlo en marcha. Los límites, por lo tanto, se determinarán durante la fase previa al establecimiento del acuerdo.

Este control podrá aplicarse a cualesquiera de las diferentes áreas del comportamiento humano y de

las actividades sociales existentes. Puede ser un control físico, mental, de relaciones sociales, sexual, financiero, etc…, y para cada una de las áreas a considerar este control podrá ser leve, moderado, intenso o incluso total, dependiendo de las circunstancias de cada caso.

Lo que si es obligado es que una vez determinadas las áreas y las intensidades a controlar el sumiso ha de proporcionar a su Ama (o ella ha de procurar obtener) todos los argumentos necesarios para que ésta pueda, posteriormente, ejercer su poder real sobre él, como de igual forma también es imprescindible que el Ama demuestre a su sumiso que una vez alcanzado dicho poder lo va a ejercer de forma real, absoluta e incluso inmisericorde si así fuera de su agrado, en todas y cada una de las áreas a controlar, pero, eso si, siempre dentro de los límites del acuerdo que lo sustenta.

Esa sensación de poder, o mejor dicho, ese poder real que el Ama ha de evidenciar siempre que interactúe con su sumiso es lo que permite funcionar adecuadamente a esta práctica. El Ama manda porque sabe que ‘puede mandar’ y el sumiso obedece porque sabe que ‘su Ama puede mandar’ y es a este desequilibrio de fuerzas a lo que llamamos, con verdadero sentido, ‘control’.

¿Porqué es importante el contrato?

En el caso del ‘Blackmail’, como siempre que afecta a una relación entre partes, es obligado la existencia de un contrato firmado por las mismas, el cual lógicamente ni tiene ningún valor legal ni lo pretende. El objetivo fundamental del contrato es poner blanco sobre negro todo lo acordado durante la fase de negociación. Y esto es muy importante porque, una vez firmado, este contrato será el marco ‘alegal’ que regirá el desarrollo de la relación hasta su finalización, y, por lo tanto, será lo que determine tanto lo que el Ama por medio de todo el poder de que dispone tratará de llevar hasta sus últimas consecuencias, como lo que el sumiso ha de asumir que son sus obligaciones contractuales de las que no podrá substraerse sin asumir las consecuencias.

De hecho probablemente es el sumiso el más interesado en que exista un contrato firmado porque de no ser así cualquier duda quedaría siempre sujeta a la interpretación discrecional de su Ama y en ese terreno siempre llevaría las de perder; siendo esto especialmente importante en una relación de ‘Blackmail’ en la que, por su propia naturaleza, se ha puesto en circulación información especialmente sensible para él.

Hay muchos tipos de contratos dependiendo del tipo de ‘Blackmail’ que se pretenda desarrollar. Los hay desde los que son muy simples y que apenas contemplan la información básica de identificación del aspirante a sumiso y cuales han de ser las pautas de comportamiento a seguir a partir de su firma, dejando para su posterior fase de ejecución la mayoría de los temas pendientes, hasta los que son extremadamente complejos y detallados como serían los que cubren la práctica del ‘Blackmail’ bajo la denominada modalidad del ‘micromanagement’ en la que todo está detallado para no dejar margen a la interpretación. No es aquí el momento de analizar las distintas posibilidades.

Lógicamente el modelo a utilizar dependerá del tipo de relación que se pretenda cubrir y de la naturaleza tanto de el Ama como del sumiso y es obvio que un Ama podrá hacer uso de tantos tipos de contratos diferentes como quiera de acuerdo a las distintos objetivos que se plantee con cada uno de sus sumisos.

Lo ideal es que existan una serie de ‘contratos marco’ que cubran los diferentes tipos de relaciones posibles y que para cada uno de ellos resulte bastante sencillo adaptar las diferentes clausulas del mismo a las necesidades específicas de cada sumiso potencial.

Como cabe suponer esto no representa ningún menoscabo de autoridad para el Ama que evidentemente es la que decide con que tipo de contrato se siente cómoda, que clausulas considera que son irrenunciables, cuales adaptables y cuales prescindibles y, evidentemente, siempre conservará el derecho a la interpretación de cualquier duda que pueda surgir durante el desarrollo del mismo.

Compromiso y ‘Blackmail’

Para acabar esta breve introducción a la práctica del ‘Blackmail’ unas palabras para comentar cual ha de ser el ‘compromiso’ de cada una de las partes con la misma.

Todo lo comentado hasta ahora sobre los indudables beneficios del Blackmail para las dos partes implicadas radica en que si bien durante la fase inicial de ‘negociación’ puede ser considerado una especie de ‘juego de roles’, una vez alcanzado el punto de no retorno, básicamente a partir de la firma del contrato, ha de transformarse claramente en una ‘ejecución de roles’. Es decir que dentro del marco formal establecido ya no se perciba como un juego sino como una realidad con todas las consecuencias. O dicho en lenguaje llano: ‘el que la hace la paga’.

La parte dominante pasa a ser ya ‘el Ama’ y como tal ha de ejercer desde ese momento todas y cada una de las veces vez que se relacione con su sumiso para que éste no abrigue la menor duda de que ‘se acabó la fiesta’. Es este un refuerzo imprescindible para que la relación no sufra desviaciones indeseables y potencialmente ‘tóxicas’ y que redundará en su propio beneficio ya que le permitirá maximizar todos los réditos contemplados en el contrato. Es decir su compromiso se manifiesta con el ejercicio intenso y continuo de su autoridad y a mayor nivel de compromiso mayor nivel de rédito.

El compromiso en la parte sumisa es un poco diferente. En lo tocante a la fase previa a la firma del contrato se parte de la premisa de que el sumiso es el que necesita y por lo tanto busca a la otra parte, y que una vez hallada (divino tesoro) ha de procurar crear vínculos sólidos y duraderos con ella. En esta situación su compromiso solo tiene una forma de manifestarse: contribuyendo al máximo en la habilitación del marco contractual que mejor se amolde a sus necesidades, para lo cual ha de proporcionar a su futura Ama todos los recursos que ésta le demande con tal fin. Es decir que su nivel de compromiso se mide por su colaboración y, sobre todo, por su nivel de sinceridad. Sin sinceridad no hay compromiso y el resultado será, inevitablemente, un mayor nivel de frustración. Mejor tener claro esto desde el principio.

Una vez firmado el contrato su compromiso deja de depender de su voluntad y queda solo supeditado al nivel del control que su Ama haya obtenido sobre él. Si ésta ha hecho bien las cosas el compromiso del sumiso será, independientemente de que le guste o no, absoluto.

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